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La rebelión de las bases

Juan A. Gallego Capel

Contra todo pronóstico del aparato socialista y del aparato mediático del régimen, en unas primarias con voto secreto, la referencia de los avales y todas las predicciones han saltado por los aires. Ha ganado la militancia crítica con el aparato, la militancia que se piensa de izquierdas y que considera que su partido es de izquierdas.

Cuanto más impensable parece un desastre, más inimaginables resultan las catastróficas consecuencias que pueden llegar a producir. Los resultados son los que son, habrá que ir a una segunda vuelta; me atrevo a decir que medio partido se cree navegando en un insumergible barco y la otra mitad duda de si tirarse al mar.

Creo que es imposible que pueda acontecer un fenómeno de desaparición súbita, como les sucedió a los socialistas italianos, o de extinción a cámara lenta, como el Pasok griego. Pero es cierto que existe mucha incertidumbre.

“Elegimos al secretario general mediante el voto directo, libre y secreto de todos y cada uno de los militantes, pero no lo hacemos con los miembros del órgano que lo debe controlar”

El problema no es quien gane las primarias ni el candidato, afrontamos un problema que afecta directamente a su supervivencia como proyecto político: que la gente nos crea o no cuando prometemos rescatar a las personas y no a los bancos, hacer del sistema tributario un modelo más justo y proporcional o salvar el Estado del bienestar.

A día de hoy la mayoría no se fía. Nuestra línea de flotación se halla dañada. Hay que mejorar el modelo de partido. Elegimos al secretario general mediante el voto directo, libre y secreto de todos y cada uno de los militantes, pero no lo hacemos con los miembros del órgano que lo debe controlar. Y es que tengo la impresión que los candidatos a veces se dejan llevar por sus problemas, y no los de los militantes o simpatizantes socialistas.

Con idéntico acierto se les podría advertir de que no se puede estar y no estar, que cuando el PSOE lo ha pasado peor han tendido a ponerse de perfil, o que resulta absurdo pretender el liderazgo de un partido pasando por encima de sus militantes. Las primarias están muy bien y lucen muy mediáticas, pero la ciudadanía no abre las sedes, ni acude de compromisaria a las mesas el día de la votación. El compromiso de la militancia resulta decisivo para ganar o perder elecciones, pero a la hora de votar la papeleta de un militante vale lo que la depositada por cualquier otro ciudadano.

Si la gente no te cree, la renovación, el marketing, las frases bonitas o las entrevistas en la televisión hacen más mal que bien. La credibilidad no se recupera jugando al escondite, calculando tus bazas o culpando sólo a la derecha. Resulta difícil creer en una candidata o un candidato cuya primera acción consiste en prevenirte contra su propio partido. La credibilidad se recupera siendo auténtico y genuinamente de izquierdas.

Ayer ganó un proyecto, el de las bases que quieren cambio. Aunque tengamos que volver a las urnas, pero esa esperada victoria no puede hacernos olvidar lo más importante: legitimando el mensaje de centro no se les combate, se les da alas.

 

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