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PSRM: ¿somos o no somos la izquierda?

El domingo, los socialistas murcianos decidimos. De todos es sabido que casi nadie se lee los programas de los candidatos y que estos no pueden estar en consonancia al cien por cien con los deseos de todos y cada uno de los militantes. En la Región de Murcia, los militantes del PSRM puede que nos quedemos solos en la materialización de nuestros deseos. Una vez que se resuelva el proceso congresual, puede que volvamos a ser rehén de la voluntad de una dirección que ejecutará según su saber y buen entender o a capricho de su real voluntad. Según les dé. O como hemos visto al final del pasado mandato, en contra de principios y traspasando unas líneas rojas que jamás se debieron dar.

“Será una contradicción, una incoherencia, decir que somos la izquierda sin políticas y conductas que lo demuestren”

De esa labor de dirección presuntamente dictada por unas bases soberanas que, como decía, a veces ruge en contra de las normas que le dictan, han hecho un oficio, una profesión. Es difícil encontrar un trabajo más rentable que el que proporciona a la cúpula de la dirección ejecutiva de un partido políticoa la que se llega no a través de un concurso de méritos, sino de fidelidad al líder del partido y de una demostrada conducta secuaz en el cumplimiento de consignas. Lo que llaman cargos de confianza. Hasta ahora el proceso selectivo previo para las bases consiste en la asunción del discurso ajeno, la fe en el secretario general, la proclamación de una consigna un día y su contraria el otro. Es el mecanismo de doma de la militancia que, como en el ejército, deberá transmitir las estrategias del partido sin tener en cuenta lo que piensa, o si se traiciona el ideal que en su día llevó a firmar el ingreso en esa formación. Es cierto que uno puede ser disidente, pero entonces le colocan la etiqueta de alternativo y pasa a formar parte del grupo de contestación, que será escuchado con respeto y paciencia dentro de los órganos correspondientes, sin que llegue a tener jamás la menor posibilidad de influir en las decisiones, convirtiéndose en parte de un órgano testimonial. Se queda fuera de juego.

El PSRM-PSOE se tiene que cambiar y no dejar de hacerlo; en especial hay que abandonar compromisos queya no son con los ciudadanos sino internos, a los que debe y a los que se debe. Así, antes de pensar en pactos, se piensa en salvar la formación y lo que a ella convenga, quedando los ciudadanos en un segundo plano en la escala de intereses de aquellos que los representan y cuya prioridad, como digo, son ellos mismos y sus intereses. Los suyos ya no son los votantes sino los miembros del partido.

Me decía un socialista ahora desde fuera: “no hay más tonto que el que no quiere entender, aunque es peor el que se cree listo, tanto como para engañar o marear a todos todo el tiempo”. Hace falta una nueva ejecutiva encabezada por alguien que sepa trabajar, que baje al tajo de la política de verdad, que tome el mando del socialismo o estaremos hundidos como en estas dos últimas décadas.

Será una contradicción, una incoherencia, decir que somos la izquierda sin políticas y conductas que lo demuestren y no es cuestión de atacar a ese gran número de centristas del PSRM (que haberlos haylos), sino buscar espacios de diálogo, de entendimiento y aplicar una fuerte alternativa de izquierdas de la mano de Diego Conesa Alcaraz, en supervivencia de un partido renovado de verdad. Eso o continuar en la ambigüedad del centralismo de monaguillo, que tanto anhelan los mismos enemigos del socialismo y los poderes fácticos.

 

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