Domingo, 22 Octubre, 2017 - 23:17
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Regalos

Francisco Saura

Es cierto que hoy los Reyes Magos nos traerán muchos regalos. Para consumirlos, no para vivirlos. A nosotros y a los parias que no puedan pagarlos con el sudor de su frente. De eso nos encargamos nosotros, los pudientes que disfrutamos con la representación de la misericordia y las oenegés que consciente e inconscientemente estamos sepultando la justicia social en el fondo de la montaña con los restos de lo que alguna vez fue la decencia humana.

Es cierto que ya no hay poetas ni narradores que nos hablen de aquellos desiertos ardientes, del cometa y de sus seguidores lanzándole dátiles desde las cálidas aguas del oasis. Tampoco la mirada inocente o el grito de admiración. Ya no hay fuegos artificiales en las noches de verbena, ni estibadores arrojando la esvástica del Bremen al Hudson, ni soñadores descendiendo los rápidos de la vida con la sola posesión de una fotografía sepia de la persona amada. Todo aquello murió una mañana pongamos de abril, en un lecho de flores mecidas por el viento que soplaba del norte. O acaso nunca murió o nunca existió: los relatos son cada vez más imprecisos y la niebla lo envuelve todo (también tus ojos).

El pasado se escapa entre las manos. Es una vastedad huidiza y gelatinosa de mentiras y medias verdades que se derrite en los relatos históricos como la nieve del glaciar. Pronto lo vemos enredado en las amebas y enraizando en el yermo de las páginas que hablan con esparcida mendacidad de los logros de la Humanidad. De su piel brotan las yemas de las hojas del ahorcado y de sus silencios el crimen irresoluto.

Hay palabras que no se pueden escribir, tampoco pronunciar, porque son sentencias de muerte de los inocentes. Solo las vemos dibujadas en el cielo con los hilos de las nubes. Luego desaparecen sobre las blancas montañas arrastradas por el crepuscular aullido de los habitantes de la noche. Esperando la muerte detrás de los años y de las guerras que los agrietaron.

Es cierto que hoy los Reyes Magos nos traerán muchos juguetes y que mañana los arrojaremos al basurero de la indiferencia, porque no hay amor en ellos y si lo hay es fugaz y no verá la amanecida ni los dedos rosados que la desvelan.

Es nuestro pasado.

 

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