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Corinna, Casado y España

Domingo Sanz

Si todos esos políticos que adoran la Transición como si no hubiera habido otro ayer aplicaran lo que Suárez proclamó cuando dijo que “debemos elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”, en lugar de encargar únicamente encuestas sobre tendencias de voto buscarían la opinión de la sociedad sobre asuntos concretos, de los que duelen, y así tomar decisiones con conocimiento de causa.

“A los que rechazan este anacronismo porque lo restauró Franco, se suman los que reclaman un referéndum sobre la forma de Estado porque durante la Transición fuimos engañados”

Por ejemplo, ahora mismo preguntarían cuántas personas están dispuestas a poner la mano en el fuego por el respeto a la ley que Juan Carlos I haya podido observar durante su reinado, a la vista de las revelaciones de su amante Corinna. Y también si les parece bien que tanto ella como él se libren de ser investigados por los tribunales y por el Congreso.

Parece que este periodo de cambio político cursará con hilarante desvarío. Ayer mismo Casado, ese que no sabe ni ocultar las trampas de sus títulos, tal como Cifuentes y quizás también la ministra Montón, hizo reír a más de media España con la tontería esa de que “Gritamos viva el rey cada vez que pagamos una pensión”. Este sujeto va a terminar consiguiendo que hasta los del PSOE se hagan republicanos, pues llega un punto en el que las conveniencias se terminan rindiendo ante los ridículos exagerados.

Volviendo a don Adolfo, conviene recordar que pronunció la famosa frase mientras nos traicionaba. Hace poco que nos enteramos, gracias a Victoria Prego, que él sabía que aquella “calle” quería República, pero decidió colar la Monarquía como parte de una libertad que venía imparable tras la muerte del dictador. He aquí el origen de nuestro presente, porque hoy, a los que rechazan este anacronismo porque lo restauró Franco, se suman los que reclaman un referéndum sobre la forma de Estado porque durante la Transición fuimos engañados. 

Si Felipe VI no abdica voluntariamente, tal como hizo su bisabuelo, será imposible practicar una democracia tranquila y normal. 

La mejor suerte que tenemos, de momento y no como entonces, es que Europa vigila los excesos de nuestros golpistas, añorantes del franquismo, siempre amenazantes, y también violentos. 

 

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