Domingo, 22 Octubre, 2017 - 23:09
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¿Moción de censura o circo?

Antonia Martínez Moreno

“La moción de censura es un derecho constitucional, un mecanismo para juzgar al Gobierno cuando su actuación merece el rechazo de la oposición, es también un deber moral cuando la oposición considera que el Gobierno no ha defendido los intereses de la Nación, no ha defendido los intereses de los ciudadanos.” De esta forma tan sencilla y comprensible Alfonso Guerra explicaba la moción de censura que presentaron en 1980 contra el Gobierno de Adolfo Suarez y la UCD. Seamos serios y rigurosos: Podemos no está jugando a nada, ni está montando un circo, ni está buscando protagonismo; simplemente está usando los resortes que prevé la Constitución para denunciar una situación insostenible de la democracia española, en la que nos ha sumido el Gobierno de Mariano Rajoy, poniendo en grave peligro el Estado de Derecho y perjudicando seriamente los intereses de los ciudadanos a los que se les priva de derechos conseguidos con lucha, sudor y lágrimas en los casi 40 años de democracia.

Es bien sabido que el Estado de Derecho se apoya en la separación de los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, teniendo cada uno de ellos autonomía propia. Y todos hemos podido comprobar cómo el PP ha mangoneado la Justicia, quitando y poniendo fiscales y jueces de aquí y de allá para conseguir en última instancia la impunidad de ciertos ex presidentes de varias Comunidades Autónomas (Ignacio González y Pedro Antonio Sánchez), con conversaciones del ministro Catalá –“ojala se cierren pronto los líos”– y actuaciones del recién nombrado fiscal anticorrupción, Manuel Moix, entorpeciendo la instrucción del caso Lezo, que ponen los pelos de punta a la vez que te entran ganas de vomitar.

"¿Nos podemos permitir los miles de millones que pierde el Estado por corrupción política? ¿Debemos estar callados ante esta podredumbre?"

Cada día que pasa conocemos nuevos casos de corrupción y cuan profunda es en el PP: organización criminal, financiación ilegal, tráfico de influencias, sobornos, extorsión, fraudes, desvío de fondos públicos, apropiación indebida, falsificación de documento público… Términos que asaltan todos los días los medios de comunicación, pero que todos se unen en una trama que denunciamos, en la que se dan la mano el poder económico y el poder político de este país y que ponen en peligro una y otra vez el Estado de Derecho; una corrupción que podemos definir como una depravación moral, un abuso de poder para sacar provecho económico para estos “señores” que vivían como marajás mientras saqueaban los recursos públicos y aplicaban drásticos recortes en los servicios públicos como Sanidad, Educación y Dependencia que incluso han derivado en muertes de ciudadanos a los que no se les ha prestado la atención que requerían en el momento requerido. ¡Sí señores, los recortes cuestan vidas!

Paralelamente al sufrimiento infligido a la población, el dinero de la corrupción ha servido para que el Partido Popular ganara las elecciones haciendo trampas en el juego, presentándose a la competición dopado al punto de la sobredosis. ¡Señores, esto sí que no es serio! En las competiciones deportivas, al dopado se le descalifica.

Se calcula que lo que pierde el Estado por corrupción política (sobrecostes en contrataciones públicas) es aproximadamente 47.000 millones de euros 4,5% del PIB según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ¿Nos lo podemos permitir? ¿Debemos estar callados ante tanta podredumbre? ¿Se merece el PP seguir gobernando? ¿No es suficientemente grave lo que está pasando?

Seguía diciendo Alfonso Guerra: “La moción de vensura es un impulso para la clarificación, para que cada partido y cada hombre y cada mujer en este país tome posición sobre lo que ocurre políticamente en este país”. En efecto, eso es lo que se pretende, quienes están sosteniendo a un Gobierno corrupto y quienes quieren defender los derechos de los ciudadanos, de eso se trata. La moción de censura del 80 no prosperó, pero los partidos de la oposición fueron serios y rigurosos en su argumentación, tanto del no, como del sí, sin hacer chistes facilones que insultan y menosprecian, en última instancia, a los ciudadanos que votan una u otra opción, además de constituir, en si, un insulto a la inteligencia.

Seamos serios y rigurosos, como decía Felipe González cuando reclamaba al señor Suarez debates frescos, permanentes y clarificadores y que las instituciones parlamentarias funcionen con estas palabras: “Clarificar que la situación es difícil porque al pueblo que nos escucha no se les dice cuáles son las dificultades de verdad y cuáles son las vías de esperanza, esperanza en la recuperación del empleo, esperanza en el uso de las libertades…”

Yo añadiría, en este nuevo contexto, esperanza de un Gobierno decente que retome la defensa de los intereses de sus ciudadanos y el cuidado de su pueblo. Esperanza de una verdadera democracia, limpia, que emana del pueblo y en la que la separación de poderes sea un hecho incuestionable, donde los políticos respondan por lo que hacen y rindan cuentas a la ciudadanía. Esperanza de un país con su gente y para su gente.

Antonia Martínez Moreno, responsable de Finanzas de Podemos Cieza.

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