Domingo, 24 Septiembre, 2017 - 16:02
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Podemos y la normalidad

José Coy

Un buen amigo llamado Héctor Illueca, inspector de trabajo y doctor en derecho, suele repetir que lo peor que nos podía ocurrir era pasar de la indignación a la resignación. Esto es, acostumbrarse a vivir una vida precaria, sin esperanza de mejora ni de un futuro estable y digno. Esto último genera una gran inseguridad y miedo entre las familias afectadas por la crisis o los recortes de derechos.

Dicha resignación precisamente se está instalando en amplios sectores de la población. El final de este proceso, si no lo paramos, es una sociedad dormida, sumisa e incapaz de ser dueña de su destino. De ahí al totalitarismo solo hay unos pocos pasos. La resignación consiste en aceptar como normal e inevitable la pérdida de los derechos sociales y laborales que hemos sufrido estos últimos años. La resignación consiste en pensar que no se puede. Cuando el nuevo escenario indica todo lo contrario. Un escenario, desde la irrupción de Podemos, inimaginable hace tan solo tres años, y que no se podría haber construido sin el protagonismo social a través de los llamados nuevos movimientos emergentes que se han dado en estos últimos años, como la PAH, el 15M, las mareas, las marchas de la dignidad, las huelgas generales y una multitud de movilizaciones locales o sectoriales. El germen de Podemos viene de las plazas, las carreteras, las calles, las desobediencias contra los desahucios y los discursos de ruptura. Viene del enfrentamiento contra las elites agrupadas en esa comunidad de intereses que es el Ibex 35. No se puede interpretar el nuevo escenario político y la nueva institucionalidad, que está naciendo con fuerza, olvidando todo lo anterior.

“Necesitamos una sociedad protagonista sin la cual no hay forma de construir país, ni de defenderse de los próximos ataques que nos vienen”

De hecho, lejos de buscar la normalidad institucional, tenemos que intentar desbordarla mediante la creación de poderes sociales por abajo que permitan construir nuevo país desde ya. Por ello es imprescindible que Podemos no se convierta en una fuerza más en las instituciones. No somos un partido normal y corriente, ni aspiramos a ello, somos pueblo, somos gente que sufre las consecuencias de las políticas neoliberales que dicta la Troika para el sur de Europa y que aspira a construir otro país interactuando y construyendo comunidad desde lo concreto y por abajo con nuestros entornos más cercanos. Necesitamos una sociedad protagonista sin la cual no hay forma de construir país, ni de defenderse de los próximos ataques que nos vienen. Podemos, como movimiento socio-político, no pretende fagotizar ni sustituir a los movimientos sociales, sino ser parte de estos, desde el compromiso cotidiano de la militancia que debe ser parte de dicho de proceso facilitando y acompañando, desde la humildad y el respeto a la autonomía, los procesos de movilización con diversas intensidades que se tienen que seguir dando para reconquistar derechos robados. Ello nos obliga a no “dejar atrás” a las personas olvidadas e invisibles, que la crisis ha dejado en los extramuros de nuestras ciudades y pueblos. Tenemos que trabajar por el empoderamiento de las personas y familias invisibles que antes de la crisis llevaban una vida normal y corriente y que, con motivo de esta, su vida se ha convertido en un calvario.

“La precariedad se está convirtiendo en modelo de sociedad ideal para los poderosos que disfrutan de tener una plebe individualizada con miedo, sin derechos ni capacidad colectiva de recuperarlos”

La precariedad está instalada en todos los sectores y en todas las edades, y se pretende normalizar para siempre como modelo de sociedad. La vida precaria afecta al necesario sentimiento de seguridad y autoestima de las personas. La precariedad se está convirtiendo en modelo de sociedad ideal para los poderosos que disfrutan de tener una plebe individualizada con miedo, sin derechos ni capacidad colectiva de recuperarlos. Y es esto último, la precarización de las gentes de nuestro país, lo que deberemos primar en el debate que estamos abocados en Podemos tras Vistalegre ll. Teniendo en cuenta los retos que nos vienen, con la ya iniciada era Trump y el auge del neofascismo en Europa –nuestra vecina Francia incluida– que crece sobre una base sociológica de personas precarias, incluidas clases medias expulsadas y clases trabajadoras que no encuentran en las viejas izquierdas a quienes les defiendan ni las represente.

Conquistar el corazón y el alma del mundo del trabajo –de las personas con trabajo en diversas condiciones, o sin él– debería ser uno de los retos que deberíamos abordar. O lo hacemos las fuerzas de cambio o lo harán otras fuerzas que no son de cambio precisamente. Un mundo del trabajo fundamentalmente precario y con una normativa legal que con las dos últimas reformas laborales desprotegen e individualizan las relaciones laborales, que a su vez están sometidas a una flexibilidad laboral extrema.

En este contexto tan complejo y hostil hemos abordado Vistalegre ll y no precisamente en las mejores condiciones. Hay compas que basaban su campaña en el eslogan “Recuperar la Ilusión “y mucho marketing y hay quienes, lejos de perder la ilusión ni los sueños, pensábamos y seguimos pensando que todavía queda mucho por hacer y lo vamos a hacer, porque hay muchos nuevos espacios por conquistar. Y nos reconocemos en lo mucho que se ha conseguido desde el primer Vistalegre hasta ahora.

“No hemos nacido para aceptar como normal la pérdida paulatina de derechos y bienestar social, hemos nacido para cambiar el país”

De momento creo que no debemos aceptar el concepto de normalidad que desde el Gobierno nos quiere imponer. No hemos nacido para aceptar como normal la pérdida paulatina de derechos y bienestar social, hemos nacido para cambiar el país. Para tal objetivo la historia nos dice que los cambios sociales y políticos van acompañados de conflicto social, la mayoría de veces incluso de alta intensidad; no podemos pensar que solo con la vía institucional se puede cambiar el país. Para confrontar con las élites y darles la vuelta hace falta un pueblo sin miedo empoderado y organizado en multitud de redes y movimientos de diverso tipo enredados entre sí.

Cinco millones de votos y 71 diputados y diputadas que suman Podemos y las confluencias, además del peso en ayuntamientos, son un buen punto de partida para seguir construyendo mayoría sumando en la diversidad, no fusionando, algo que nadie ha puesto sobre la mesa. En un contexto donde este partido-movimiento que es Podemos –al cual se mira desde otros puntos de Europa y del mundo con mucho interés– no nos merecíamos un debate básicamente sobre procedimientos, puramente interno y, eso sí, con muy buenos slogans y buenas técnicas de marketing tal y como nos ofrecía la corriente errejonista.

Deberíamos concentrarnos a partir de ahora en debatir sobre las grandes ideas del país que queremos y la mayoría social que necesitamos, dentro del nuevo contexto de la era Trump puede suceder cualquier cosa –dicho sin ironía y con temor– que ahora mismo aún no imaginamos. Con la elección del nuevo presidente del imperio que ya cada vez es menos imperio, se abre un tiempo lleno de incertidumbres de todo tipo, incluidas las medioambientales. Empieza una etapa de profundos cambios en un mundo globalizado en lo económico, pero no en lo social, los conceptos de igualdad, paz, libertad y justicia deben ser defendidos ante políticos como Trump y Marine Le Pen.

Es apasionante a la vez que preocupante el mundo que viene, como siempre pasa en los principios de siglo, un cambio de época, donde vamos hacia una nueva sociedad que no tiene por qué ser mejor de la que conocemos o hemos conocido. Al menos ya sabemos que nuestros hijos e hijas viven y vivirán –si no ponemos remedio– peor que sus padres y madres. También sabemos ya que el actual modelo energético tiene fecha de caducidad, que estamos en un punto de no retorno en cuanto a cambio climático se refiere y que es inevitable ir urgentemente a por un proceso de transición energética hacia las energías renovables que en nuestro país debería ser prioritario y uno de los nuevos motores económicos del país. Y sobre los derechos humanos y la democracia, qué puedo contar que ya no se sepa.

“No nos podemos imaginar ninguna fuerza de cambio sin divergencias, ni pluralidad; este es otro reto fundamental pendiente de resolver: ser capaces de gestionar la diversidad”

Para hacer frente a todos estos retos, necesitamos un Podemos más fuerte, más organizado en los barrios y sectores. Para ello tenemos la obligación de cerrar Vistalegre ll más unidos y a la ofensiva para recuperar derechos y construir el nuevo país que viene. No nos podemos imaginar ninguna fuerza de cambio sin divergencias, ni pluralidad; este es otro reto fundamental pendiente de resolver: ser capaces de gestionar la diversidad. Lo importante es tejer de nuevo costuras y volcarnos en construir sociedad civil empoderada y autogestionada.

Yo no quiero un Podemos como partido normal, ni normalizado, ni institucionalizado. Quiero un Podemos que desborde la realidad, que esté a la altura de los momentos que vivimos, donde los pueblos y la ciudadanía tiene que adquirir un gran protagonismo. El futuro nos va en ello. Un Podemos atrevido, con un equipo valiente, pegado al terreno, que arriesgue y que mire de frente a las élites, las de aquí y las de Bruselas.

Como decíamos en el 15M, esto empieza ahora.

José Coy, ex afectado por la hipoteca, activista social.

 

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